lunes, 4 de junio de 2012

Lumack Escudo del Mundo

Capítulo I: De la Muerte de los Vanir, el origén de Lumack y las profecías del Ragnarok

 Yggdrasil, el gran árbol que a su vez es y abarca toda la creación, desde sus raíces hasta las más latas de sus ramas se extienden los 9 reinos, los mundos que son el todo.


  Asgard, se cierne a sus alturas contemplando la creación entera desde los palacios de los dioses guiados por Bor, los Aesir, mas en el principio, cuando los dioses eran aun jóvenes asgard compartióa su espacio con Vannaheim, el hogar de los Vaenir, los primeros dioses.


  Los Vaenir fueron los dioses del mundo antes de los hombres, dioses de los grandes mares y de las montañas que forjaron el mundo. Dioses sin más arte o ciencia que la de la belleza irradiada por Yggdrasil en todos los reinos.


  A la llegada de los Asgardianos tomaron forma y en ocasiones existió paz entre los Vaenir y los Aesir y en ocasiones guerra, la última de esta tan sangrienta y terrible que Vanheim fue arrancada de la creación misma y los Vaenir destruídos.


  De tan antigua raza quedo solamente un hijo, un último legado de la sangre de dioses y hadas.Los padres de la magia.Dicho Dios recibió el nombre de Lumack, último de los hijos de Freyja.


  Bor, padre de Odín y líder de los Aesir toma a Lumack a su cargo sabiendo que el fin de una raza hermana sería un pecado que habría de maldecir incluso a los mismo dioses.  Temiendo tal destino para su gente Bor arrancó un pedazo aun con vida del árbol de la creación misma y lo infundió en el aún recién nacido sellando su vida y esencia al gran árbol para que este le resguardara.


  Y fue así como Lumack creció entre aquellos que dieron muerte a los suyos, sabiendo que la sangre de sus padres corría en las manos de sus guardianes. el fragmento de Yggdrasil creciendo con él y permitiéndole escuchar el canto de la creación. Y fue así como por eras Lumack permaneció en silencio, escuchando los ecos de su gente que aun reverberaban en el manar de los ríos y la danza de los vientos.


  Y el tiempo de Bor pasó y llegó la era de Odín, que sacrificó un ojo para ver cuanto su padre no había sido capaz de ver y obtuvo de Yggdrasil la cabeza de Mimir, el último asgardiano que había caído en la guerra con los Vanir. Y Mimir le contó a Odín del destino del todo cuando el gran lobo se liberara, como la fuerza de la destrucción habría de acabar con todo cuando el gran lobo devorara el Sol. Como todo acabaría y aún más triste que esto como el tiempo para ello era ya corto pues el lobo pronto habría de liberarse.


  Y Lumack acudió a Odín y su silencio llego finalmente a un fin. -'Tus padres dieron muerte a mis padres. Tu gente acabo con la mía y el fin de los tuyos se aproxima hijo de Bor, mas mi gente vive en el mar y la tierra, en el viento y el sol. Envíame a mí hijo de mi enemigo y habré de ser el escudo que de tiempo y vida a este mundo. Podrás prepararte para la última batalla padre de los Aesir.'


  De esta manera dio inicio la batalla de Lumack, oponiéndose y frenando los avances del gran lobo que lo destruiría todo. Una y otra vez muriendo para frenarlo y una y otra vez renaciendo de las raíces de Yggdrasil.Volviendo su magia el escudo que detendría al gran lobo hasta que llegara el momento del Ragnarok.


Capítulo II: De la muerte de los Dioses, la decisión de Thor y la libertad de Lumack

  Y llego el momento del final de los dioses, Odín había muerto y su legado recaía en Thor dios del trueno. Hijo de Odín enviado a la tierra para ser criado por hombres. Nuevo señor de Asgard pero como su padre fue diferente a Bor fue Thor diferente a Odín.


  A la llegada del Ragnarok su tiempo con los hombres le había hecho crecer como las profecías jamás esperaran. Armado con el poder de su padre y como el nuevo regente de los dioses libero el ragnarok en el mundo para ser enfrentado por su gente. No como un ciclo eterno de morir y renacer sino por una última ocasión.


  Y los dioses lucharon contra el fin de todo. Y triunfaron ante la destrucción sacrificándose todos y cada uno de ellos. Los Aesir perecieron y Asgard con ellos. Pero en esta ocasión no habría nuevamente Raggnarok pues el ciclo había sido destruído. Los dioses no nacerían nuevamente destinados a la batalla final.


  Nuevamente el fragmento de Yggdrasil en el interior de Lumack le regresó a la vida. Su cuerpo había sido destruido una y otra vez en su eterna batalla contra Ragnarok. Frenando su paso constantemente y evitando que devorara el mundo antes de que los dioses estuvieran preparados para su última batalla.


  El final había llegado y los Aesir habían desaparecido por completo del mundo. Lo poco que quedaba de sus míticas fuerzas eran ecos del poder que una vez ostentaran y aun así un pequeño brillo distante persistía.Un remoto y minúsculo resplandor donde antes brillara el poder de los Aesir como un sol.Un hombre en Midgard que fuere una vez un Dios. Creado como mitad de Thor y existiendo ahora por si mismo.


  Lumack contempló tan extraño último brillo de los Aesir, en tan solo unas décadas, un siglo a lo mucho el mortal perecería y de Asgard nada quedaría. Pero Lumack vivía y sus hermanos Vanir lo hacían en los ríso y las montalas de Midgar como antes lo hicieran en Asgard. Así que en el limbo que antes fuera Asgard reunió el disperso poder de los Aesir y  le permitió partir a Midgard. Tomando la forma del eterno compañero de Thor y nuevamente aguardando la llegada de su amo.


  Ahora Lumack por primera vez era libre. Ocho de los grandes reinos persistían y por primera vez podría recorrerlos, conocer a sus hermanos que eran ya parte del gran árbol y protegerlos nuevamente de ser necesario pues aun libre del Ragnarok Lumack reconocía claramente que tal era su destino.


  

No hay comentarios:

Publicar un comentario